lunes, 1 de febrero de 2021

Quédate en Casa


Enciérrate en tu casa
Isaías 26:20
Ven, pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra tras ti tus puertas; escóndete por corto tiempo hasta que pase la indignación
 Y en Mateo 6:6
Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Hay un problema que está hoy presente en nuestra sociedad al cual no se le da mucha importancia: la falta de interioridad.
Encontré en internet una reflexión sobre este tema, su autor es Agustín Domínguez. Lo que dice es muy pertinente para este mensaje. No tiene desperdicio. Esto es lo dice:
El hombre moderno padece de una insuficiencia de vida interior. La interioridad es el ámbito del alma y el espíritu. El hombre de hoy vive más "exteriormente" que "interiormente".
Vive todo el día fuera de sí mismo y en la noche cansado no tiene tiempo para el recogimiento y concentración, no medita, no tiene conexión con su interior.
 Esto ha llegado a ser un estilo de vida.
Hoy son pocos los que se cultivan con una buena lectura; pocos atienden el ser interior. El hombre moderno se mide más por cuanto posee que por lo que es. Mide los contenidos de su vida en números. Esto lo vuelve un ser materialista. Y lo material está en lo exterior. La sociedad está llena de personas vacías que sólo les importa el dinero.
El hombre de hoy tiene, entonces, una insuficiencia de vida interior.
Me percaté de este problema con uno de mis hijos adolescente. En una ocasión hubo un corte eléctrico. No había internet, ni televisión, ni video juegos, no se podía salir. Y el muchacho se estresó por no hallar en que ocupar su atención. En ese momento se me ocurrió recomendarle que interiorizara un poco y pasara un tiempo consigo mismo. Pero para él eso era inconcebible. Optó por  echarse a dormir.
La cuarentena social colectiva hoy es una acción necesaria ante esta situación de pandemia mundial. Tiene por lema: “Quédate en casa”.
Pero en la vida nada sucede por casualidad, los problemas, traen siempre consigo mensajes implícitos que son como destellos de luz que nos guían a la solución.
Si damos una mirada mas profunda, “Quédate en Casa” no se refiere únicamente a  enclaustrarse en las cuatro paredes del domicilio.
Hay otra casa que está requiriendo nuestra presencia. Esa otra casa somos nosotros mismos.
El hombre fue creado por Dios para ser un templo, un habitáculo íntimo para recibir la presencia de Dios.
Cada ser humano es una casa de Dios, un templo.
¿Cómo dispuso Dios el templo de Salomón?
El templo constaba de un patio externo y un aposento cerrado, dividido en dos, lugar santo, donde ministraba el sacerdote, y el lugar santísimo donde entraba solo el sumo sacerdote una vez al año.
El patio corresponde al cuerpo. El lugar santo y el santísimo a nuestro interior es decir al alma y el espíritu.
El mundo casi nos obliga a vivir en el exterior del templo.
Y hemos descuidado nuestro interior. Nos falta “interioridad”
Dios te está llamando en este tiempo a entrar en ti mismo. A ordenar tu casa. Vienen tiempos duros y es necesario estar al día con Dios. Esta es la oportunidad que debemos aprovechar. Dedícale un tiempo a tu alma para presentarte ante Dios.
Revisa tus emociones, tus pensamientos tus decisiones, tus metas.
Como una casa que necesita orden y limpieza tu alma necesita mantenimiento.
Desecha todo odio o resentimiento añejo que amargue tu vida. Repara todo daño recibido con perdón sincero. Haz la cura a viejas heridas y límpialas aunque duela.
Tal vez tu casa interna está oscura y no te es atractiva. Quizás tengas muy poca iluminación  y necesitas llenar de luz cada rincón.
Cristo está a la puerta llamando, lo dice apocalipsis 3:20. Está a la puerta. Ábrele, permítele la entrada.
 El iluminará tu casa. En su luz podrás ver la inmundicia y el desorden.
Solo él puede limpiar tu interior y traer orden. Pero su obra no queda ahí,
 una vez todo limpio y en orden, él mismo te dará acceso a un aposento intimo en el fondo de tu ser.
 Ya lo hizo en el templo de Jerusalén al consumar la obra en la cruz. Rasgó el velo del templo que separaba el lugar santo del lugar santísimo. Jesús también abrirá para ti ese lugar en tu ser que corresponde al espíritu. El espíritu es tu aposento de oración. Es el lugar secreto de la comunión con el Padre. Tu lugar santísimo. El lugar donde hallas paz y reposo. Ya no hay excusa para no acercarse a Dios si tienes a Cristo en tu corazón.
Diariamente puedes entrar y hacer vida espiritual. Ya no es como antes que solo había acceso una vez al año. Cristo rasgó su cuerpo para que tengamos acceso a Dios.
No apaguéis el espíritu dice la Palabra. Y no se apaga teniendo vida interior.
Dios te llama hoy, “quédate en casa”. Repito nuevamente los versículos:
“Ven, pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra tras ti tus puertas; escóndete por corto tiempo hasta que pase la indignación…
Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”
Ahora esta palabra tiene mas sentido. Entra al aposento… a tu espíritu… y ora a tu Padre.
Si no tienes vida interior porque no has recibido a Cristo en tu corazón y quieres abrirle la puerta, te invito a orar conmigo:
Señor Jesucristo,
Te abro mi corazón,
Ilumina mi vida Señor,
Perdóname y límpiame de toda inmundicia que el pecado ha traído a mi vida,
Ordena y llena de luz mi corazón, te entrego mi vida.
Te pido me guardes de la hora difícil que viene para el mundo.
Lo pido en tu nombre dándote gracias Señor, amén.